Convulsiones, salivación excesiva, pupilas contraídas, reducción del movimiento y dificultad para respirar. Estos síntomas, tras los cuales se da una muerte rápida, evidenciados por médicos que atendieron a centenares de afectados en Siria, se presentan cuando el sistema nervioso autónomo está comprometido.
Se trata de la exacerbación del sistema parasimpático, que en el cuerpo nunca actúa de manera simultánea y masiva, salvo que haya un factor, interno o externo, que dispare su acción, como en este caso.
Los efectos son producidos por elementos como los organofosforados, que bloquean la sustancia o enzima que destruye el neurotransmisor responsable de todos estos síntomas.Los organofosforados son la base de insecticidas o plaguicidas; actúan tras ser absorbidos a través de la respiración o la piel, o ingeridos.
Por sus efectos, estas sustancias neurotóxicas son utilizadas en forma de gas con fines bélicos; desde mediados del siglo pasado se han desarrollado algunos, dentro de los cuales podría estar el usado en Siria. El sarín, el tabún, el somán, el VX, el antú y el mevinfós son los más conocidos de este tipo.
La muerte por estos gases, cuyo uso está proscrito, se produce con rapidez, tras un colapso generalizado, que incluye paro cardíaco y respiratorio.
La atropina (sustancia que bloquea la acción del neurotransmisor) usada en los afectados constituye un antídoto siempre y cuando su aplicación se acompañe de otras medidas y, en ocasiones, de manejo en cuidados intensivos. Cuando se presentan ataques colectivos, la puesta en marcha de estas medidas en forma masiva es casi imposible. Esto explica su alta letalidad.
Fuente:
CARLOS F. FERNÁNDEZ
EL TIEMPO
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